Incendios, inundaciones, sequías y huracanes, con o sin pandemia. ¿La Tierra arde?

Por José Ángel Callejas Rodelas y la Mesa por el Clima de Granada

Los incendios forestales forman parte de la evolución natural de los ecosistemas, así como de la historia de la relación entre el ser humano y la naturaleza. En ciertos climas, generalmente más secos, como el clima mediterráneo, los incendios son relativamente frecuentes. Tienen un papel ecológico relevante, al permitir limpiar la superficie de hierbas secas, al permitir a otras plantas nacer más adelante, al fertilizar los suelos con las cenizas, etc. En climas como el nuestro, el mediterráneo, multitud de especies de plantas están adaptadas al fuego, a través de diferentes mecanismos: las encinas rebrotan desde la raíz, desde la superficie, tras el paso de un fuego; los pinos diseminan las semillas gracias al comportamiento de los conos frente al intenso calor, etc. [2, 3].

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El fuego ha sido utilizado también como herramienta en la interacción del ser humano, del pastoreo, con los montes. Hasta no hace mucho, se prendía fuego a determinadas parcelas, de forma alterna con los años, con el objetivo de renovar la vegetación y de conseguir el rebrote de hierbas tiernas para los animales.

A pesar de todo, la intensificación de los incendios forestales, cada vez más destructivos y que alcanzan una mayor extensión, no tiene mucho que ver con la evolución natural de los ecosistemas. La mano del hombre, con fines económicos y no de subsistencia, junto con el cambio climático, están provocando una escalada en la gravedad de los incendios forestales en todo el planeta. Son preocupantes en todas las latitudes y en todas las regiones, pero especialmente en los bosques primarios, es decir, bosques que nunca han sido alterados por la especie humana y que son devorados por las llamas, perdiéndose el albergue de biodiversidad que suponen, las fuentes de fertilizantes y alimentos naturales para las poblaciones locales, junto a otros beneficios bien conocidos (sumideros de carbono, retención de suelos, etc.).

En este documento trataré, de forma breve, de exponer cómo son estos nuevos incendios, por qué se producen y por qué aumenta su gravedad, así como de mostrar algunos de los ejemplos más llamativos.

2 La nueva generación de incendios forestales

Hasta hace relativamente poco tiempo, se hablaba de cinco generaciones de incendios forestales. La primera, debida al abandono rural y la continuidad de las masas forestales. La segunda, cuya característica es una mayor rapidez en su propagación. La tercera, con incendios de mayor intensidad. La cuarta, cuando el incendio alcanza zonas urbanizadas en el interior del bosque. La quinta, que tiene lugar cuando en una misma zona confluyen varios incendios muy violentos, lo que les permite superar grandes obstáculos.

Se está comenzando a hablar, sin embargo, de incendios de sexta generación. Los primeros ejemplos en el Mediterráneo fueron los incendios de Portugal del año 2017 [7]. Estos incendios liberan grandes cantidades de energía y crean un micro-clima propio del incendio, generando nubes convectivas a capas altas de la atmósfera, que suponen un mecanismo de realimentación del fuego, el cual crece de forma errática y sorpresiva. Se producen en lugares con una cantidad enorme de combustible acumulado, en ecosistemas estresados por la/s sequía/s y con condiciones meteorológicas adversas: altas temperaturas y muy baja humedad. A partir de ahí, el incendio crea su propio clima, siendo muy difícil de controlar.

El número de incendios de pequeña y media intensidad se reduce año tras año, así como su impacto. Sin embargo, los grandes incendios forestales, GIF, que en España se consideran cuando la superficie quemada es superior a 500 ha, son cada vez más frecuentes y más graves.

En comparación al número total de incendios, no son muchos, pero queman la mayor parte de la superficie total arrasada por las llamas cada temporada. Cuando son incendios de sexta generación, además, los medios convencionales de extinción de incendios no son efectivos, quedando los ecosistemas y las poblaciones humanas a merced de que sean otros elementos los que ayuden a controlar el fuego [1, 4].

3 El papel del cambio climático

Los incendios de 2019 en todo el planeta fueron una evidencia de lo que se llevaba años advirtiendo: el cambio climático acrecentó enormemente las condiciones de propagación. Estos incendios son la nueva norma que nos espera [1].

2019 fue el año más cálido registrado en Europa. Enero de 2020 fue el año más cálido desde que hay registros, y en febrero se alcanzaron récords de temperatura en zonas como la Antártida (se superó la barrera de los 20 ºC) [1]. Debido al parón de la actividad económica causado por la Covid-19, las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero, como el NO2 (gas que, además, es muy contaminante) se redujeron enormemente en la anterior primavera. Sin embargo, el ritmo histórico de emisiones no puede ser compensado por unos pocos meses de parón económico, y el calentamiento de la Tierra ha continuado.

Los aumentos de temperatura afectan a casi todas las regiones del planeta, pero no son uniformes. El Ártico, por ejemplo, se calienta el doble de rápido que el resto del globo. Como ejemplo más mediático se encuentra la ciudad rusa de Verjoyansk, al norte del Círculo Polar Ártico, que registró una temperatura de 38.6 ºC en el mes de junio, cuando lo usual es que las temperaturas en verano estén poco por encima de los 30 ºC y que se alcancen en julio y agosto. En regiones concretas, como California o la Península Ibérica, entre otras, la tasa de calentamiento también es superior a la del resto del mundo.

El aumento de la frecuencia de las sequías, con la consiguiente reducción de la disponibilidad de agua y la humedad, amenaza los bosques a nivel global. En zonas normalmente más húmedas, la falta de precipitaciones provoca el empeoramiento del estado de los bosques: muchas plantas se secan, tiran más hojas incluso en verano para protegerse de la sequía y el calor, etc., con lo que se acumula más combustible. Esta acumulación de combustible, la persistencia de condiciones de baja humedad y altas temperaturas, y el propio estado de los bosques, posibilitan la propagación sin control de un fuego, sea este intencionado o no. Los incendios se están extendiendo a zonas libres de ellos hasta ahora [1].

4 Los incendios forestales en cifras

Cada año arde entre el 3 y el 4 % de la superficie de la Tierra [6].

En 2019 se produjeron incendios sin precedentes en el Ártico, en Australia, en la Amazonia, en Indonesia, en México, Colombia, Siria, Venezuela, etc.

Según se desprende del informe de WWF [1], en 2019:

  • •  Ardieron 5.5 millones de hectáreas en el Círculo Polar Ártico (equivale, aproximadamente, a una décima parte de la superficie total de España). Estos incendios liberaron 182 millones de toneladas de CO2.
  • En Rusia, ardieron 15.9 millones de hectáreas, área equivalente a la superficie forestal arbolada de España. Se emitieron 700 millones de toneladas de CO2.
  • En Canadá, los incendios provocaron la mitad de las emisiones absorbidas por los propios bosques en el país.
  • En Alaska, 1 millón de hectáreas ardieron en 600 incendios virulentos.
  • En Australia, ardieron más de 12 millones de hectáreas. Fueron súper incendios, de altísima intensidad; los bosques no pueden recuperarse tras el paso de un fuego de tan alta temperatura.
  • Países habitualmente menos afectados por los incendios en Europa, como Suecia y Reino Unido, experimentaron una temporada de incendios mucho más devastadora de lo normal. Los bosques en latitudes más altas sufren también los efectos del cambio climático y no se encuentran adaptados al fuego, lo que agrava estos incendios.
  • Hubo incendios críticos en regiones montañosas y en el delta del Danubio.
  • En la Amazonia brasileña se quemaron 5.9 millones de hectáreas, y en Bolivia, otras 5 millones. Liberaron 969 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera.
  • En Indonesia, ardieron 1.64 millones de hectáreas y se emitieron 708 millones de toneladas de CO2.
  • En África se queman unos 300 millones de hectáreas, 6 veces la superficie de España. En Angola, la República Democrática del Congo, Zambia, Mozambique y Madagascar se acumulan una cantidad enorme de focos simultáneos.
  • En California se quemaron 100.000 hectáreas. Los incendios afectan a áreas densamente pobladas.
  • En Chile, ardieron 65.000 hectáreas, cerca del 3% de la superficie forestal del país.

En 2020, por citar algunos ejemplos a falta de que termine el año y se recopilen las estadísticas a nivel global:

  • •  En Rusia ardieron, tanto dentro como fuera del Círculo Polar Ártico, 19 millones de hectáreas. Los incendios afectaron principalmente a Siberia. Se han emitido 784 millones de toneladas de CO2, con datos hasta final de agosto [5].
  • Los mediáticos incendios de California han quemado más de 1.6 millones de hectáreas, y aún quedan muchos activos. Ha sido la peor temporada de incendios de la historia del Estado.

En muchas zonas, los incendios están ligados a actividades agrícolas y silvopastorales tradicionales, como en el área central de África, pero a menudo se vuelven incontrolables por las condiciones debidas al cambio climático y por la falta de gestión. En otras, como en la Amazonia y en Indonesia, la mayor parte de los incendios son intencionados, y tienen detrás un componente económico claro: se pretende liberar terreno para cultivar soja y palma, o para el pastoreo. La deforestación es la primera causa de estos incendios. En Australia, el Mediterráneo o California, las causas de los mega-incendios son principalmente el abandono rural y el cambio climático, junto a la ausencia de políticas de gestión.

5 Ideas finales

A la vista de estos pocos datos, y a falta de ahondar en este asunto con una investigación más exhaustiva, queda patente la magnitud del problema al que nos enfrentamos a nivel global. Los incendios son cada vez más destructivos y dejan más dañados a los bosques, además de afectar a las poblaciones locales. Destruyen ecosistemas completos, dejándolos sin posibilidad de recuperación en mucho tiempo, así como infraestructuras básicas para la población y multitud de hogares.

La solución, pues, no pasa por invertir más dinero en la extinción de incendios. La mejor manera de prevenir estos incendios es cortar nuestra relación con las emisiones de gases de efecto invernadero para no agravar más el cambio climático, junto con la existencia de políticas forestales de control y de restauración, que aseguren un buen estado de los bosques, así como la lucha contra la deforestación y el avance del agronegocio industrial que acapara tierras destruyendo bosques tropicales y medios de vida de poblaciones indígenas y locales.

En la Península Ibérica, podemos luchar contra este problema, recortando brutalmente nuestras emisiones de CO2, dado el gran potencial para las renovables y el autoconsumo que tenemos, y favoreciendo la dinamización rural con políticas de gestión forestal y agropecuarias adecuadas. Políticas que permitan restaurar ecosistemas, aumentar la superficie forestal y arbolada, así como mejorar la salud de los bosques en aquellas zonas más afectadas por la sequía y la subida de temperaturas, ayudando a luchar contra el despoblamiento rural y a dotar de recursos y perspectivas laborales y vitales a las personas que viven en tales zonas.

[1] Hernández, L. y cols. (2020),
El planeta en llamas. Propuesta ibérica de WWF para la prevención de incendios.
WWF España y ANP|WWF.

[2] M. Moreno, José. 2007.
Cambio Global e Incendios Forestales: Una Visión desde España.
4ª Conferencia Internacional sobre Incendios Forestales. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/234073738_Cambio_global_e_incendios_forestales_una_vision_desde_Espana/link/02e7e52c66747426b7000000/download.

[3] Mataix-Solera, Jorge & Cerdà, Artemi. 2009.
Incendios forestales en España. Ecosistemas terrestres y suelos.
Disponible en https://www.researchgate.net/publication/229180770.

[4] Sánchez-Molina Pando, Gabriel. 2018.
Caracterización, Evolución e Incidencia de los Grandes Incendios Forestales en el Noroeste de España.
TFM «Máster en Recursos Territoriales y Estrategias de Ordenación», Universidad de Cantabria. Disponible en: https://repositorio.unican.es/xmlui/bitstream/handle/10902/15519/SanchezMolinaPandoGabriel.pdf?sequence=1&isAllowed=y.

[5] https://www.elagoradiario.com/desarrollo-sostenible/biodiversidad/incendios/temporada-de-incendios-siberia-cambio-climatico-emisiones-co2/

[6] Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

[7] https://www.lavanguardia.com/sucesos/20170618/423469653141/incendio-portugal-pedrogao-grande.html

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